La investigación por presunto enriquecimiento ilícito y las inconsistencias patrimoniales del exjefe de Gabinete pusieron en jaque el discurso anticorrupción del Gobierno de Javier Milei.
El escándalo que rodeó durante cuatro meses al jefe de Gabinete, Manuel Adorni, terminó este sábado con su renuncia, en un caso que golpeó de lleno al gobierno del presidente Javier Milei y expuso las grietas de su discurso fundado en la lucha contra la corrupción y la «casta» política.
Una investigación que no cesó
La justicia federal investigó a Adorni por presunto enriquecimiento ilícito, examinando viajes al exterior, adquisiciones inmobiliarias y costosas reformas en propiedades a su nombre. Los pesquisas buscaban determinar si existía correlación entre esos gastos y los ingresos declarados. El funcionario quedó aún más expuesto cuando reconoció que había omitido declarar alrededor de medio millón de dólares en sus declaraciones juradas, explicando que él y su esposa invirtieron 200.000 dólares y obtuvieron otros 300.000 en ganancias con Bitcoin entre 2014 y 2018.
La defensa de Milei y el desgaste final
Pese a la gravedad de las acusaciones y la presión de importantes dirigentes del PRO y otros aliados, el presidente defendió públicamente a Adorni durante meses y se negó a soltarle la mano. En una reciente visita a España, Milei declaró: «Manuel es inocente. Con lo cual yo soy superoptimista de que no va a tener ningún tipo de problema. A mis ministros los banco hasta las últimas consecuencias».
Sin embargo, el costo político fue alto. Según el analista Sergio Berensztein, «el gobierno de Milei quedó muy impregnado de sospechas y dudas», y el escándalo privó al gobierno de una de sus principales fortalezas: diferenciarse del kirchnerismo con un discurso anticorrupción.
La carta de renuncia
En su extensa carta publicada en redes sociales, Adorni negó rotundamente todas las acusaciones y se posicionó como víctima de una «campaña sistemática de desprestigio». «Me han tratado de delincuente y corrupto sin un solo hecho de corrupción sobre mis espaldas», escribió. También justificó su dimisión en la necesidad de proteger a su familia: «Los interminables ataques mediáticos que he soportado me han llevado a pedirle que esta vez me acompañe para poder cerrar el ciclo en pos de protegerme a mí y a mi familia».
El ahora exfuncionario, que primero se desempeñó como vocero presidencial y luego como jefe de Gabinete, reconoció que por primera vez iba «contra los deseos» del Presidente al presentar la renuncia. Karina Milei, secretaria general de la Presidencia, salió en su respaldo y lo definió como una persona «íntegra, valiosa y muy querida».
La salida de Adorni representa la baja más significativa dentro del círculo de confianza de Javier Milei desde el inicio de su gestión. El gobierno no anunció por el momento quién lo reemplazará, aunque circula el nombre del ministro del Interior, Diego Santilli, como uno de los posibles sucesores.












